Cooperativas: la otra realidad del campo

Pretendemos dar a conocer a una sociedad cada vez más urbanita la realidad del campo, la calidad de los productos y la notable actividad transformadora que se lleva a cabo». En estos términos se expresa Jerónimo Lozano, director de la Unión Regional de Cooperativas Agrarias de Castilla y León (Urcacyl), al referirse a la segunda edición de las Jornadas de Puertas Abiertas para difundir la importancia de las cooperativas agroalimentarias, que comienzan el próximo sábado, día 26, en la afamada bodega Cuatro Rayas de la localidad vallisoletana de La Seca. Hasta el mes de noviembre, el programa incluye visitas a veintidós cooperativas de diferentes sectores, que tendrán lugar los sábados a los 12 del mediodía. Una idea muy acertada para tratar de aminorar esa creciente separación entre la sociedad urbana y el medio rural y para demostrar el grado de innovación, compromiso con el territorio y sostenibilidad de este tipo de sociedades.

La iniciativa surgió hace dos años, pero hubo de interrumpirse a las tres semanas por la llegada del estado de alarma. Dirigidas a familias y grupos de amigos, con un cupo máximo de cincuenta personas divididas en dos turnos, las visitas incluyen un recorrido por las instalaciones que, en el caso de bodegas y queserías, se amplía a una degustación de productos. «Siempre hay un técnico de Urcacyl y un gerente o directivo de la cooperativa que explican a los asistentes diferentes cuestiones, tanto de la empresa en concreto como de este modelo de gestión, indispensable en el medio agropecuario, tanto de España como de Castilla y León», señala Lozano. Lo cierto es que las cifras no dejan lugar a dudas: la región cuenta con 563 cooperativas agroalimentarias, si bien el 70% de ellas son de carácter familiar, es decir, sus instalaciones no están abiertas a socios y carecen de personal contratado por cuenta ajena.

En total, son 133 las que forman parte de Urcacyl, que abarcan todos los sectores de actividad -porcino, vacuno, ovino y caprino, herbáceos, remolacha, patatas, frutas y hortalizas, vinos, piensos y servicios/suministros-, que en el año 2020 facturaron algo más de 2.905 millones de euros a pesar de las dificultades derivadas de la pandemia. Encabezan el ranking los herbáceos, 23%; piensos, 19%, y los suministros y servicios, con el 17%, seguidos de la remolacha, 10%; ovino, 10%; vacuno, 9%; porcino, 5%: vinos, 3%; frutas y hortalizas, 3%, y, por último, la actividad apícola y los forrajes, con el 1%. Por su parte, cuentan con 39.516 socios, de los que el 81% son hombres y el 19% mujeres. En el perfil masculino, los jóvenes de menos de cuarenta años representan el 10%, una presencia fundamental para garantizar el necesario relevo generacional y los retos de futuro.

Al hablar de facturación por provincias, Jerónimo Lozano subraya como «hecho muy significativo» que en Soria y Zamora sean dos cooperativas -Copiso y Cobadu, respectivamente- las empresas con mayor volumen de negocio en cada una de ellas. En términos globales, las cooperativas zamoranas facturaron durante 2020 casi 562 millones de euros -el 19% del total-, seguidas por las de Valladolid, con 535 millones -el 18%-; Palencia, 473 millones -17%-; León, 345 millones -12%-; Burgos, con casi 286 millones -10%-; Soria, cerca de 285 millones -también el 10%- y después, a cierta distancia, Segovia 192 millones -7%-; Salamanca, 172 millones -6%-, y Ávila, que supone el 2% de la facturación de la Comunidad Autónoma, con 54 millones de euros. Unas cifras que, puestas en el contexto nacional, salen muy bien paradas.

«Las cooperativas agroalimentarias de Castilla y León son las que más facturan en España después de Andalucía. Una posición que se debe a su buen funcionamiento, dentro de un modelo muy puro y muy estable. Siguen creciendo para ser cada vez más grandes, más fuertes y mejorar los numerosos servicios prestados a los socios, que supone su primera razón de ser», explica el director de UrcacyL, quien señala jocosamente que para calibrar la verdadera importancia de las cooperativas en la región «habría que cerrarlas dos años para valorar aún más lo que aportan». En este sentido, solo durante los últimos años se han abierto una cuarentena de estaciones de servicio donde puede repostar cualquier conductor, no son exclusivas para socios, que hacen un esfuerzo notable por contener los precios de los carburantes.

Control de precios

«Una de las grandes ventajas de las cooperativas es que son, hasta cierto punto, un instrumento de control de los precios. Si ponen la semilla y el abono a una cifra, el almacén de al lado, que es un particular, va a tratar de ajustarse al máximo para no perder clientes”, explica Lozano. Esta filosofía se está aplicando también en aquellas cooperativas que venden productos en supermercados y, particularmente, en sus estaciones de servicio. Si hay que reducir unos céntimos el beneficio por cada litro de gasóleo y gasolina, se hace, porque dentro de esta visión de negocio, prima el interés general frente al particular, como viene siendo habitual desde hace más de un siglo, cuando aparecieron las primeras para defender los intereses de agricultores y ganaderos.

Hoy, las cooperativas agroalimentarias con cada vez más grandes en número de socios, volumen de actividad, facturación y servicios, como reflejo inequívoco de la necesidad de crecer para resultar más competitivos, una realidad cada vez más tangible dentro del sector primario. Ya no solo se ponen al alcance del socio abonos y fertilizantes, sino que también se facilita asesoramiento técnico por parte de agrónomos, veterinarios y economistas, gracias a plantillas muy profesionalizadas. Su peso específico dentro de la economía española es tal que tanto la Constitución como el Estatuto de Autonomía recogen en sendos artículos el fomento de este tipo de sociedades muy apegadas al territorio, que se rigen desde un planteamiento empresarial moderno y eficiente. Hay razones sobradas para acercarse a conocerlas.

Capital local, empleo y compromiso con el medio rural

En plena era de la globalización, de las alianzas internacionales, de los precios fijados muy lejos de nuestras fronteras, las cooperativas contribuyen al desarrollo empresarial de Castilla y León de forma evidente, pues poseen un 100% de capital regional, los tributos que pagan repercuten en su entorno social y sus beneficios hacen progresar al medio rural. Precisamente, por la estrecha vinculación al agro, contribuyen a la conservación del medio ambiente, del territorio y apuestan por un uso eficiente de los recursos naturales, desde una perspectiva sostenible, unas inquietudes que transmiten a sus socios plasmadas en la mejora de la formación.

No menos relevante es su aportación al empleo, el eterno talón de Aquiles de un medio rural cada vez más tecnificado gracias a los avances de la maquinaria. Las cooperativas asociadas a Urcacyl dan empleo a 3.359 trabajadores en Castilla y León, de los que el algo más del 30% son mujeres, además de un bueno número de indirectos relacionados con la transformación y comercialización. Además, facilitan la viabilidad y permanencia en el mercado de unas 40.000 explotaciones agropecuarias que son, en la mayoría de los casos, la única actividad empresarial existente en las localidades más pequeñas. Un vínculo robusto y firme con la tierra que se mantiene.

De hecho, las cooperativas se asientan en los pueblos, no en los cinturones industriales de las ciudades ni en áreas urbanas. Suponen, por tanto, la última barrera para amortiguar el éxodo rural al proporcionar oportunidades de futuro a sus habitantes. «Y no olvidemos que, al ser propiedad de socios de la zona, no hay posibilidad de que se deslocalicen», concluye Lozano.

Fuente: ABC

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Estudio de la situación de las empresas rurales

En el marco del proyecto de cooperación regional LEADER, +Empresas +Empleo +Rural, el Grupo de Investigación Rural (GIR) Mundo Rural de la Universidad de Valladolid, con participación de la Universidad de Burgos, han realizado un estudio de la situación de las empresas rurales, con objeto de diagnosticar la situación actual del tejido económico y la coyuntura de 2020 y relacionarlos, sobre todo, con los procesos de ocupación y dinámica demográfica de los espacios analizados.

Se trata de 11 espacios rurales, correspondientes con los GRUPOS DE ACCIÓN LOCAL cooperantes al proyecto, que tienen perfiles muy diferentes: desde espacios de la montaña cantábrica, a la vertiente septentrional de la Cordillera Central, pasando por los territorios de la Ibérica, a los que se han sumado espacios de llanura interior de Castilla y León.